Artículo de opinión: «Reflexión personal sobre nuestra realidad en los centros de trabajo»

Hace ya 6 años aproximadamente que me di de alta en la CNT de L’Hospitalet. Mi situación laboral en ese momento no era especialmente complicada, pero creí, en ese momento (y después se demostró que acerté tomando esa decisión), que era una buena manera de protegerme de cara al futuro, de prepararme para lo que pudiera venir. No en vano llevo ya unos cuantos años metido en la vorágine que es actualmente el mercado laboral y conozco cómo se las gastan los que mandan en las empresas. Otro motivo principal que me movió a afiliarme era la necesidad que sentía de pertenecer a un movimiento obrero que tuviera incidencia, más o menos potente pero real y efectiva, en mi realidad diaria, al margen de los sindicatos mayoritarios que entiendo que no son eficaces en empresas pequeñas como la mía. Con el tiempo y mi militancia presencial en el dia a dia del sindicato también me ha servido para hacer valer mis derechos en mi puesto de trabajo, que no es poca cosa porque en las empresas, la lucha en defensa de los derechos laborales está actualmente muy difícil si no la afrontas de una forma colectiva y organizada. Por este motivo, me he decidido a hacer un poco de reflexión de como veo yo la situación:

El anarcosindicalismo que propone la CNT está pensado para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. Nuestra lucha se centra, principalmente, en los centros de trabajo, tomando por bandera la acción directa, la toma de decisiones desde los mismos trabajadores y trabajadoras.

El sindicato, por sí mismo, nos da las herramientas necesarias para incidir de forma efectiva en las relaciones laborales entre empresa y trabajador/a, pero solo con la participación activa de su afiliación podrá alcanzar los objetivos que, entre todos y todas nos propongamos.

Para ello, entiendo yo, es fundamental que nuestra militancia tenga la formación básica en temas como la interpretación del contrato, entender la nómina mensual, cálculo del salario, o saber consultar el convenio de aplicación. Estos temas los veo como una responsabilidad individual de cada uno/a de nosotros/as. Para temas más complejos como conflictos colectivos, mejoras de condiciones de trabajo, medidas de presión o posibles demandas, ya disponemos de compañeros y compañeras debidamente formados/as en acción sindical y en el área jurídica si la ocasión lo requiere.

Llegados a este punto, quiero recordar que en el mundo laboral, las leyes, no están pensadas precisamente para proteger a la parte más vulnerable como parecería lógico en una sociedad sana, más bien al contrario, están pensadas para facilitar que las empresas puedan sacar la máxima rentabilidad al mínimo coste, aunque ello suponga la precarización de los/as que realmente hacemos funcionar los proyectos laborales.

Pero la cosa no termina aquí, a parte de esas leyes, en la mayoría de empresas que conozco, con la intención de dar una vuelta de tuerca más, las empresas hacen y deshacen a su antojo dentro de los centros de trabajo. La ley no es nada para ellos cuando no les conviene, campan a sus anchas y practican la amenaza y el autoritarismo si creen que ello les va a aportar una plusvalía mayor. En lugar de tratarnos como personas adultas, nos tratan como corderitos a su servicio. Podríamos enumerar miles de casos de abuso. La ley son ellos y a tragar, si no te gusta, la puerta es muy grande, se suele escuchar…

Por el contrario, la clase trabajadora, solo podemos contar con nosotros/as mismos/as. La lucha colectiva, la formación continuada y una  información veraz del entorno que tenemos, se me antoja fundamental para ser capaces de afrontar los abusos a los que nos están sometiendo ya y a los que a buen seguro están por llegar. La afinidad y el contacto directo con los compañeros y compañeras para coordinarnos y hacer un frente común es otra herramienta que aterroriza y mucho a la patronal. Nos prefieren aislados.

Esas son nuestras armas, esas y el sindicato, un sindicato de clase bien organizado con implantación real en la gran mayoría de centros de trabajo de todo el territorio. Hoy igual que ayer. Hagámoslo fuerte, nuestra calidad de vida, bien lo merece.